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HORACIO SALAS, TATA CEDRON, /javiergalarzants, ANDREOLI, RAÚL GONZÁLEZ TUÑÓN EN FACEBOOK


RAÚL GONZÁLEZ  TUÑÓN Y NOSOTROS POR QUÉ NO APARECEN LAS PUBLICACIONES QUE TENEMOS EDITADA

El más grave de todos estos casos que estamos viendo donde no se hace ninguna mención a nuestros trabajo sobre este poeta,  que siendo  la avanzada que en el año 2006 donde hacemos la atrevida hazaña de Editar dos libros de Tuñon, en España y desde entonces no dejar ni un solo año, mes, tal vez día de llevar adelante su difusión nos ignoren como hacían con el poeta. Bien es así pero la mas grande de todas es lo de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires.
En el año 2006 esta Biblioteca no tenía la obra de LA MUERTE EN MADRID en su catálogo, como todas las del mundo tampoco. Solo la Biblioteca Nacional de España en Madrid lo tenía sin embargo no estaba para el público porque estaba custodiada en el deposito de Al cala de Henares según nos dijo la dirección de dicha Biblioteca. En la de Buenos Airees el Sri Horacio González  le envié un libro de la Muerte en MADRID 1939, se lo dediqué hasta llenar las tres primeras páginas con el fin de que no sirviese para que lo metiesen el catalogo y así poder venderles un ejemplar. Nada no compraron ninguno sin embargo el libro aparece en el catalogo y para más asombro está donado por el director dice así la etiqueta del libro y la editorial asómbrense, es editorial NORMA que no sabemos quien es... 




Homenaje al poeta, escritor y periodista que murió el 14 de agosto de 1974. Te invitamos a recordarlo con estos audios de la Mediateca de la Radio Pública. El propio Raúl ...
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Stream La cerveza del pescador de Schiltigheim by Cuarteto Cedrón on El caballo de la Calesita for...
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Raúl González Tuñón & Tata Cedrón - Entrevista (1)
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Ella, la manoseada, la ofendida lámpara silenciosa,
Cómplice de ladrones, poetas y arrecifes.
Ella es la que nos mira desde sus pálidas colinas.
Y desde la alucinante soledad de sus cráteres,
polvo de islas muertas, piel de arenas suicidas 
y trozos de cometas antaño sucumbidos.
Su historia es nuestra historia, y su medida
sólo cabe en el sueño de los niños queridos.
Cuando allá llegue el hombre quizás ella descubra
el mundo que él encierra, y que tal vez la muerte,
esa otra luna, en su infancia conozca, y se lo calle.

El 14 de agosto de 1974, falleció el poeta y periodista argentino Raúl González Tuñón. Los invitamos a recordar la trayectoria del reconocido escritor, autor...
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El optimismo histórico
Yo sé que todo cambia,
que nada se detiene,
ni un árbol se detiene
y aun la piedra es viajera.
La soledad no existe,
el mundo es compañía.
Ni la muerte está sola.
Todo lo que es, es lucha.
Soy inmortal, pues paso.
Sólo la estatua queda.
Y aun ella se mueve.
En vano os empeñáis
en detener la historia.
¡Sé que llegará el día!
También lo sabe el sol.

Raúl González Tuñón actualizó su foto de portada.
El banco en la plaza
Esa Plaza Dorrego añorando en San Telmo
cuando era baldío.
Y la Plaza Garay, la recatada de los verdes noviazgos...
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Réquiem para un muchacho ahogado
Cantero: tu apellido sugiere canto y rosas
—la flor de tu sonrisa—.
Este poema canta a tu adolescencia muerta;
las rosas crecerán de tu noble ceniza.
Tenía un rostro oscuro de madera tallada
y un alma cuya luz desbordaba ternura
y un sentido fraterno de la amistad; tenía
una tímida voz, maneras suaves, y su andar era lento
como el de los que quieren pasar sin hacer ruido.
Sin embargo qué fuerza interior ocultaba
este chico grandote que aún en la edad del juego
trabajaba, luchaba, sudaba, caminaba y caminaba!
Y él tuvo tiempo para repartir
la bondad que sus ojos con sueño reflejaban.
Con fervor desvelado sobrellevó la escuela,
el flaco pan, la casa inverosímil, los afanes amargos,
el verano violento y los inviernos duros.
Una niñez madura sin calor de destino
que el amor de la madre iluminó y sostuvo.
Y este muchacho pobre murió como el más rico,
y este muchacho tímido murió como el más fuerte.
El más rico de honor y de sangre valiente
y el más fuerte de puro coraje proletario.
La primer sorprendida, sin duda, fue la muerte.
Yo levanto tu nombre, yo lo agito
a la faz de la gente cruel o indiferente
como una bandera de trapo comunero.
Y delante del Tiempo, testigo insobornable,
pongo tu nombre al río donde se hundió tu frente:
El Río de Cantero.
Lluvia

Música de fondo, tango "Mumuki" de Astor Piazzolla ejecutado por el conjunto "Soledad del diablo". Lluvia Raúl Gonzalez Tuñon A Amparo Mom Entonces comprendimos que la lluvia también era...
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Poesía de Raúl González Tuñón musicalizada por Juan "Tata" Cedrón; una bellísima polca interpretada por el Cuarteto Cedrón, músicos mayores si los hay en Argentina.
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n
telaraña del mundo para mi corazón.
¡Ni las luces que siempre se van con otros hombres
de rodillas desnudas y de brazos tendidos!
-Tenía unos pocos sueños iguales a los sueños
que acarician de noche a los niños dormidos-.
Tenía el resplandor de una felicidad
y veía mi rostro fijado en las vidrieras
y en un lugar del mundo era un hombre feliz.
¿Conoce usted paisajes pintados en los vidrios?
¿Y muñecos de trapo con alegres bonetes?
¿Y soldaditos juntos marchando en la mañana
y carros de verduras con colores alegres?
Yo conozco una calle de una ciudad cualquiera
y mi alma tan lejana y tan cerca de mí
y riendo de la muerte y de la suerte y
feliz como una rama de viento en primavera.
El ciego está cantando. Te digo: ¡Amo la guerra!
Esto es simple querida, como el globo de luz
del hotel en que vives. Yo subo la escalera
y la música viene a mi lado, la música.
Los dos somos gitanos de una troupe vagabunda
alegres en lo alto de una calle cualquiera.
Alegres las campanas como una nueva voz.
Tú crees todavía en la revolución
y por el agujero que coses en tu media
sale el sol y se llena todo el cuarto de luz.
Yo conozco una calle que hay en cualquier ciudad,
una calle que nadie conoce ni transita.
Solo yo voy por ella con mi dolor desnudo
solo con el recuerdo de una mujer querida.
Está en un puerto. ¿Un puerto? Yo he conocido un puerto.
Decir, yo he conocido, es decir: Algo ha muerto.


El carpintero ha hecho esta mesa
verdaderamente perfecta
donde se inclina la niña dorada
y el celeste padre rezonga.
Un ebanista, un albañil,
un herrero, un zapatero,
también saben lo suyo.

El minero baja a la mina,
al fondo de la estrella muerta.
El campesino siembra y siega
la estrella ya resucitada.
Todo sería maravilloso
si cada cual viviera dignamente.

Un poema no es una mesa,
ni un pan,
ni un muro,
ni una silla,
ni una bota.

Con una mesa,
con un pan,
con un muro,
con una silla,
con una bota,
no se puede cambiar el mundo.

Con una carabina,
con un libro,
eso es posible.

¿Comprendéis por qué
el poeta y el soldado
pueden ser una misma cosa?

He marchado detrás de los obreros lúcidos
y no me arrepiento.
Ellos saben lo que quieren
y yo quiero lo que ellos quieren:
la libertad, bien entendida.

El poeta es siempre poeta
pero es bueno que al fin comprenda
de una manera alegre y terrible
cuánto mejor sería para todos
que esto cambiara.

Yo los seguí
y ellos me siguieron.
¡Ahí está la cosa!

Cuando haya que lanzar la pólvora
el hombre lanzará la pólvora.
Cuando haya que lanzar el libro
el hombre lanzará el libro.
De la unión de la pólvora y el libro
puede brotar la rosa más pura.

Digo al pequeño cura
y al ateo de rebotica
y al ensayista,
al neutral,
al solemne
y al frívolo,
al notario y a la corista,
al buen enterrador,
al silencioso vecino del tercero,
a mi amiga que toca el acordeón:
-Mirad la mosca aplastada
bajo la campana de vidrio.

No quiero ser la mosca aplastada.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
No quiero ser abeja.
No quiero ser únicamente cigarra.
Tampoco tengo nada que ver con el mono.
Yo soy un hombre o quiero ser un verdadero hombre
y no quiero ser, jamás,
una mosca aplastada bajo la campana de vidrio.

Ni colmena, ni hormiguero,
no comparéis a los hombres
nada más que con los hombres.

Dadle al hombre todo lo que necesite.
Las pesas para pesar,
las medidas para medir,
el pan ganado altivamente,
la flor del aire,
el dolor auténtico,
la alegría sin una mancha.

Tengo derecho al vino,
al aceite, al Museo,
a la Enciclopedia Británica,
a un lugar en el ómnibus,
a un parque abandonado,
a un muelle,
a una azucena,
a salir,
a quedarme,
a bailar sobre la piel
del Último Hombre Antiguo,
con mi esqueleto nuevo,
cubierto con piel nueva
de hombre flamante.

No puedo cruzarme de brazos
e interrogar ahora al vacío.
Me rodean la indignidad
y el desprecio;
me amenazan la cárcel y el hambre.
¡No me dejaré sobornar!

No. No se puede ser libre enteramente
ni estrictamente digno ahora
cuando el chacal está a la puerta
esperando
que nuestra carne caiga, podrida.

Subiré al cielo,
le pondré gatillo a la luna
y desde arriba fusilaré al mundo,
suavemente,
para que esto cambie de una vez.
Para que bebamos la rubia cerveza del pescador Schiltigheim.
Para que amemos Carcassonne y Chartres, Chicago y Quebec, torres y puertos.
Los blancos molinos harineros y la luz de las altas ventanas de la noche
encendidas para los hombres de frac y para los ladrones.
Y las islas en donde los Kanakas comen plátanos fritos
y bajo el sol
y bajo las palmeras, entre ágiles mulatas suenan los ukeleles.
Islas, dije, las islas, soles rojos, platillos para Darius Milhaud.
¡Tener un corazón ligero! Vale decir amar a todas las mujeres bellas,
Y una moral ligera, vale decir andar con gitanos alegres
y dormir en un puerto un ocaso cualquiera y en otro puerto y otro
y andar con suavidad y con desenvoltura de fumador de opio.
Para que a cada paso un paisaje o una emoción o una contrariedad
nos reconcilien con la vida pequeña y su muerte pequeña.
Para que un día nos queden unos cuantos recuerdos: decir, estuve,
estuve en tal pasión, en tal recodo. Estuve, por ejemplo,
en la feria de Aubervilliers una mañana, con un trozo de asado,
una amistad tranquila, la mesa clara, el perro, el buen hablar
y afuera, las verduleras de París chapoteando con los zuecos en la nieve.
Para que bebamos la rubia cerveza del pescador Schiltingheim
es necesario no asustarse de partir y volver, camaradas. Estamos
en una encrucijada de caminos que parten y caminos que vuelven.
Es preciso que nos entendamos.
Yo hablo de algo seguro y de algo posible.
Seguro es que todos coman
y vivan dignamente
y es posible saber algún día
muchas cosas que hoy ignoramos.
Entonces, es necesario que esto cambie....
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Para que bebamos la rubia cerveza del pescador Schiltigheim.
Para que amemos Carcassonne y Chartres, Chicago y Quebec, torres y puertos.
Los blancos molinos harineros y la luz de las altas ventanas de la noche
encendidas para los hombres de frac y para los ladrones.
Y las islas en donde los Kanakas comen plátanos fritos
y bajo el sol
y bajo las palmeras, entre ágiles mulatas suenan los ukeleles.
Islas, dije, las islas, soles rojos, platillos para Darius Milhaud.
¡Tener un corazón ligero! Vale decir amar a todas las mujeres bellas,
Y una moral ligera, vale decir andar con gitanos alegres
y dormir en un puerto un ocaso cualquiera y en otro puerto y otro
y andar con suavidad y con desenvoltura de fumador de opio.
Para que a cada paso un paisaje o una emoción o una contrariedad
nos reconcilien con la vida pequeña y su muerte pequeña.
Para que un día nos queden unos cuantos recuerdos: decir, estuve,
estuve en tal pasión, en tal recodo. Estuve, por ejemplo,
en la feria de Aubervilliers una mañana, con un trozo de asado,
una amistad tranquila, la mesa clara, el perro, el buen hablar
y afuera, las verduleras de París chapoteando con los zuecos en la nieve.
Para que bebamos la rubia cerveza del pescador Schiltingheim
es necesario no asustarse de partir y volver, camaradas. Estamos
en una encrucijada de caminos que parten y caminos que vuelven.

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