TALLER DE POESÍA SELECCIÓN POEMAS VLADIMIR MAIAKOSVKI

Vladímir Maiakovski
(1893-1930)
Vladímir Vladímirovich Maiakovski nació el 7 de julio de 1893 en Bad-dadi (Georgia

Í n d i c e
5 Adolescente
6 A toda voz
9 A todos
10 Black and White
14 Conversación con el Inspector Fiscal sobre poesía
22 Danos un motor
28 El poeta se dedica a sí mismo estos versos
30 El poeta es un obrero
32 Himno al crítico
34 La guerra y el universo
36 Libertad de expresión
37 Marcha de izquierda
39 Mi universidad
41 Nuestra marcha
42 Oda a la revolución4 Orden nº. 2 al ejército del arte
41 Versos al pasaporte soviético
42 150.000.000

ADOLESCENTE

La juventud tiene mil ocupaciones.
Estudiamos gramática hasta atontarnos.
A mí,
me echaron del quinto año,
y fui a apolillar las cárceles de Moscú.
En nuestro pequeño mundo doméstico,
para las camas aparecen poetas de pelo rizado.
¿Qué saben estos líricos anémicos?
A mí, pues,
me enseñaron a amar en la cárcel.
¿Qué vale comparado con esto,
la tristeza del bosque de Boulogne?
¿Qué valen comparado con esto,
los suspiros ante un paisaje de mar?
Yo, pues,
me enamoré de la ventanilla de la cámara 103,
de la "oficina de pompas fúnebres".
Hay gente que mira al sol todos los días
y se enorgullece.
"No valen mucho sus rayos" -dicen.
Pero yo,
entonces,
por un rayito de sol amarillo,
reflejado sobre mi pared,
hubiera dado todo en el mundo.

A toda voz  

(fragmento)

¡Estimados compañeros de la posteridad!
Revolviendo
la mierda
petrificada
de ayer
la lobreguez de nuestros días estudiando,
camaradas,
quizá preguntarían por mí, también.
Y os dirá
quizás
el sabio henchido,
apartando con su erudición
el enjambre de demandas,
que vivió un tal
cantor de agua hervida
y el enemigo acérrimo del agua estancada.
¡Profesor,
deje estos lentes,
que son como bicicletas!
Les hablaré yo solo
de mí mismo
y de mi tiempo.
Soy el vaciador de las letrinas
y también el aguatero,
movilizado y reclutado
por la revolución,
me fui al frente
abandonando los jardines
señeros
de la poesía,
de la caprichosa comadrona.
(...)
Es un dudoso honor
que con semejantes rosas
quisieran erigirme un monumento así,
para apostarlo
en las plazas
donde escupe el tuberculoso,
donde pasea la puta
con el bribón
y camina el sifilítico.
Yo también
estoy harto
de la propaganda,
a mí, también
me gustaría
escribir las cavatinas,
es más agradable,
y da mayores ganancias,
pero yo
me sometía
a mí mismo
apretando
la garganta
de mi propio canto.
Escuchen,
compañeros de la posteridad,
al propagandista,
al cabecilla y vocinglero,
apagando el ruido
de la poética torrente,
saltaré por encima
de la lírica cancionera,
y hablaré yo, vigente,
con vosotros, los
vivientes.
A TODOS                                                                                                                                         Abandonó del todo a su marido
No se culpe a nadie de mi muerte, y por favor, sin comentarios,
al difunto le molestaban enormemente.
Madre, hermanas, camaradas, perdonadme -no es un método,
no se lo aconsejo a nadie,
pero no tengo otra salida.
Lilí, ámame.
Camarada Gobierno: mi familia se compone de Lilí Brick,
madre, mis hermanas y Verónica Vitóldovna Polónskaia. **
Si les haces la vida soportable, gracias.
Enviad los versos inacabados a los Brick. Ellos sabrán
[descifrarlos.
Como suele decirse,
el «incidente ha concluido»,
«la barca del amor
se estrelló contra la vida cotidiana».
Estoy a mal con la vida
y es inútil recordar
dolores,
desgracias
y ofensas mutuas.
Sed felices.


Black and White

Si a La Habana
se la mira desde lejos,
es un paraíso,
un país como se debe.
Bajo las palmas,
en los lagos,
están los flamencos
en un solo pie.
Florecen colores
por todo El Vedado.
En La Habana
todo está dividido:
a los blancos,
dólares;
a los negros,
nada.
Por eso,
Willie
está con el cepillo en la puerta,
en la puerta
de Henry Kley and Broock Limited.
Willie,
en su vida
limpió mucho polvo,
todo un bosque.
Por eso,
Willie
tiene ya poco pelo,
por eso,
Willie
tiene el vientre hundido.
Muy pocas son sus alegrías. Seis horas para el sueño,
y listo.
Si no,
el inspector de impuestos del puerto
le quita una moneda al pobre negro. ¿Acaso se pueden salvar de esta mugre? Únicamente si caminaran con la cabeza juntarían más barro. Los pelos son mil
y los pies,
sólo dos.
Aquella vez,
pasaba
por la vistosa calle Prado.
Suena y se enciende
el jazz.
Parece,
de veras,
que es un paraíso
La Habana.
Pero el cerebro de Willie
tiene poca siembra,
pocas circunvoluciones.
Lo único que aprendió Willie,
más firme que las piedras del monumento a Maceo, es:
«El blanco
como piña madura,
el negro,
piña podrida.
El blanco
hace trabajo blanco.
El negro,
trabajo negro.»
Pocos problemas a Willie
le metieron en la cabeza,
pero uno de ellos
era el más grave de todos.
Y cuando este problema
empezó a horadar la mente de Willie,
el cepillo
caía de sus manos.
Y como a propósito,
en un momento así,
se acercó hacia él
el rey de los cigarros,
Henry Kley.
Llegó más blanco
que una nube.
el más solemne de los reyes
el rey del azúcar blanco.
El negro
se acercó a la mole blanca y le dijo:
«I beg your pardon, mister Bregg:
¿Por qué el azúcar
blanco-blanco
lo debe hacer
el negro-negro?
El cigarro negro
no le queda bien a usted
Le quedaría mejor
a un negro
de piel negra.
Y si usted
gusta del café con azúcar,
haga el favor
de prepararlo solo.»
La pregunta tiene sus consecuencias. El rey,
de blanco se vuelve amarillo.
Se da vuelta el rey
y de un golpe
le arrojó los guantes.
Florecían alrededor
los prodigios de la botánica.
Los plátanos
tejían su verde red.
Se limpió el negro,
en sus pantalones blancos,
las manos,
y la sangre de la nariz.
Rezongó el negro,
con ojos de fuego,
levantó el cepillo,
con una mano,
y se fue.
¿De dónde podía saber el negro
que con esa pregunta
debía dirigirse a la lejana ciudad de Moscú?


Conversación con el Inspector Fiscal sobre poesía

Ciudadano inspector:
perdone la molestia...
Gracias...
no se preocupe...
estoy bien de pie...
vengo a tratar
de un asunto
delicado:
el sitio
del poeta
en las filas obreras.
Junto a
los que tienen
tiendas y fincas
ha sido gravado
y debo pagar.
Usted
me exige
quinientos por semestre
y veinticinco
por no declarar.
Mi trabajo
es semejante
a cualquier otro.
Mire
mis perdidas,
los gastos
de mi producción
y cuánto se invierte
en los materiales.
Usted,
por supuesto,
no sabe qué es una “rima
Si la primera línea
pongamos
acaba en “atún”
entonces
en la tercera repitiendo las sílabas,
ponemos
algo así como
“tacatún”.
Empleando su lenguaje
la rima
es un cheque.
Cóbrese el verso alternado-
dice la disposición.
Y buscas
la calderilla de sufijos y flexiones
en la caja exigua
de las declinaciones
y conjugaciones.
Intentas meter
una palabra
en la estrofa
y como no entre
la fuerzas y se rompe.
Ciudadano inspector:
le doy mi palabra,
el poeta
paga caras las palabras.
Empleando nuestro lenguaje,
la rima
es un barril.
Un barril de dinamita
la estrofa es la mecha.
Se consume la estrofa,
estalla la rima
y la ciudad
vuela
como un verso.
¿Dónde encontrar
a qué precio,
rimas
que maten al primer estallido?
Quizá
sólo queden
unas cinco rimas
sin estrenar
en Venezuela.
Y me lanzo a viajar
haga frío o calor.
Me lanzo
trabado por anticipos y préstamos.
Ciudadano
tenga en cuenta el billete es de trasbordo.
-La poesía
toda-
es un viaje a los desconocido.
La poesía
es como la extracción del radio.
Un gramo de producto
por un año de trabajos.
Por una palabra
transformas
miles de toneladas
de mineral verbal
Pero, ¡qué abrasador
es el calor de esas palabras
comparadas
con el chisporroteo
de la palabra cruda!
Esas palabras
mueven
millones de corazones
durante milenios.
Claro
hay poetas de calidad distinta.
Algún poeta
con destreza de manos
saca
como el malabarista
el verso de la boca,
de la propia
y de la ajena.
¿Y para qué hablar
de los castrados líricos?
Pone un verso
ajeno
y es feliz.
Es
otro robo y despilfarro
entre los despilfarros que azotan el país.
Estos
versos y odas
de ahora
que son aplaudidos
a rabiar
pasarán
a la historia
como gastos accesorios
sobre lo hecho
por nosotros
por dos o tres.
Consumes
una arroba de sal
y fumas un centenar de cigarrillos
hasta
extraer
la palabra preciosa
de las profundidades artesanas
de la humanidad.
Por eso, baje
la suma del impuesto.
Quite
de la imposición
la rueda de un cero.
Uno noventa
cien cigarrillos,
uno sesenta
la arroba de sal.
En una encuesta
hay un cúmulo de preguntas:
¿Ha viajado
o no ha viajado?
Y si
en los últimos 15 años
reventé
una docena de Pegasos,
¿qué?
Usted
-póngase en mi caso-
pregunta por criados
y bienes-
¿Y
si soy
caudillo popular
y a la vez
criado del pueblo?
La clase
se expresa
con nuestras palabras
somos proletarios,
propulsores de la pluma.
La máquina
del alma
con los años se desgasta.
Te dicen:
-estás pasado,
fuera.
Cada vez amas menos
te arriesgas menos,
y el embate
del tiempo
golpea mi frente.
Llega
el más terrible de los desgastes-
el desgaste
del corazón y del alma.
Y cuando
este sol
cerdo cebado,
se levante
sobre el futuro
sin pobres ni tullidos-
yo
ya
estaré podrido
muerto en la cuneta,
junto
a una decena
de mis colegas.
Haga
mi balance mortuorio,
afirmo
seguro que no miento:
en medio
de los actuales
bribones y pelotilleros
seré
el único
con deudas impagables.
Nuestro deber
es tronar
como sirena de bronce
entre la neblina de filisteos
entre el bullir de tormentas.
El poeta
siempre
es deudor del universo,
paga por el dolor
Intereses
y multas.
Soy
deudor
de los lampiones de Broadway,
de vosotros
cielos de Bagdadi,
del ejército rojo
de los cerezos de Japón_
de todo
sobre lo que
no tuve tiempo de escribir.
Al cabo
¿Para qué
necesito este jaleo?
¿Para disparar rimas
y enfurecer el ritmo?
La palabra del poeta
es una resurrección
su inmortalidad
ciudadano burócrata.
Dentro de siglos,
en el marco de la cuartilla
cogerán el verso
y resucitarán el tiempo.
Y surgirá
este día
con inspectores fiscales
con brillo de asombros
y hedor a tinta.
Usted, habitante convencido
del presente,
saque en el Comisariado de Caminos
un billete para la eternidad
calcule
el efecto de mis versos

y reparta
mis ganancias
en trescientos años.
Pero la fuerza del poeta
no sólo está
en que le recuerden a usted
y les dé un respingo.
No.
Hoy también
la rima del poeta
es caricia
y lema
bayoneta
y látigo.
Ciudadano inspector,
pagaré cinco,
quitando los ceros
detrás.
Yo,
por derecho,
reclamo un hueco
en las filas
de los obreros y campesinos
más pobres.
Y si
ustedes se imaginan
que mi trabajo
consiste en utilizar
palabras ajenas,
aquí tienen
camaradas
mi estilográfica
y escriban
ustedes
si quieren.

¡Danos un motor!

Así al descuido
no saldrá una nave,
y aérea,
mucho menos.
Hacen falta
hélices
y alas
para que muy suavemente
suba y descienda
y vuele firme y alta.
Pero es
lo principal
el corazón:
el motor,
que desate un huracán
para que zumbe
sin interrupción
o de lo alto
en picada
al suelo van.
Hasta el gorrión
también
tiene motor:
un corazón
que late
en las costillas.
Pues si falla
el motor,
el volador
a tierra
cae muerto
y hecho astillas.
Si es preciso
el motor
para el gorrión
¿cómo el hombre
lo va a pasar
sin él?
Pesa él
cuatro onzas
y mi peso son
cinco y media
arrobitas
en el fiel.
Eso aún es poco:
sólo un ser humano.
¿Y las máquinas?
¿Pesan
cuánto ahora?
Y a la guerra
las bombas
lleva,
hermano,
con tus minas
y tu ametralladora.
Porque al cielo
el piloto
el rumbo tuerza
dejando atrás
al ave,
el extranjero
motores
de mil caballos
de fuerza
por millones
construye
el día entero.
Los nuestros
son ancianos…
ataúdes,
aún hoy
los nuestros
a la cola van;
pero irán
desatándose
en aludes
y en su nariz
cual bala
estallarán.
En el cielo
de Francia
el Renault bronco
zumba,
en el de Inglaterra
el Rolls Royce truena.
No los alcanzarás
montando un tronco.
¡Obrero,
a hacer motores
en cadena!
Si en seguida
no triunfas,
recomienza:
un día de labor
da poco fruto.
Los Wright
con su primer motor
la inmensa
tierra
volaron no más
de un minuto.
Pero hoy vuelan,
¡alcánzalos,
porfía!
Tan sólo nubes
lanza al viento;
Ahora
con flechas,
sin posarse,
en todo un día
¡cuatrocientos
kilómetros
por hora
¿Que el motor
lo inventó
la inteligencia
burguesa?
¿Que es la flor
de sus saberes?
No,
que esta maravilla
de la ciencia
la creó
el proletario
en los talleres.
¿Por qué el estancamiento,
ruso obrero?
Si está
en tus propias manos
el poder,
por la defensa
del estado obrero
un motor
trimejor
debes nacer.
He aquí
que ya se acerca
ese momento:
sobre los campos,
la hélice tronante,
Saratov
y Riazan
verán al viento
nuestro motor
soviético
pujante.
El ruso
a veces
gusta
del azar;
al parecer
le sale bien.
Yo quiero
el azar
del motor
eliminar,
venciendo
con trabajo
al extranjero.
La tarea
organiza
de otro modo.
Temprano
al torno
da esfuerzos titánicos,
y según
la O.C.T.
Organización Científica del Trabajo.
revisa todo
cada hora.
Crea nuevos
mecánicos...
Porque más pronto
llegue
el tiempo claro
al que los comunistas
van atléticos,
suda y afánate
a diario,
«Ícaro»,
en el natal
motor
de los soviéticos.
Proletario,
recuerda:
abriste el dique
de la tierra
hacia el cielo
con tu avión.
Piensa en ese
motor:
«El Bolchevique»,
el corazón
de toda
la aviación.
Porque es
lo principal
el corazón:
el motor,
que desate un huracán
para que zumbe
sin interrupción
o de lo alto
en picada
al suelo van.
Así al descuido
no saldrá una nave,
y aérea,
mucho menos.
Hacen falta
hélices
y alas
para que muy suave-
mente suba y descienda
y vuele firme
y alta.

El Autor se dedica, a sí mismo amado, estos versos

Las cuatro.
Pesadas como un golpe.
“Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios.”
Y a aquél
como yo,
¿a dónde se le escurre?
¿Dónde hay una guarida preparada para mí?
Si fuera yo
pequeño,
como el Gran Océano,
de puntas me pararía a mis anchas,
en la pleamar resarciría a la luna.
¿Dónde encontraré una amada
tal como yo?
¡Ésa no cabría en este minúsculo cielo!
¡Oh, si fuera indigente!
¡Como un millonario!
¿Qué es el dinero para el alma?
¡Un ladrón insaciable!
A la desordenada horda de mis deseos
no le basta el oro de todas las Californias.
¡Si yo fuera tartamudo
como Dante o Petrarca!
¡El alma de alguna encendería!
¡Ordenaría a los versos reducirla a cenizas!
Y las palabras
y mi amor
son un triunfal arco:
Suntuosamente,
sin rastro pasan a través de él
los amantes de todos los siglos.
Oh, si fuera yo
callado
como el trueno,
el galope estremecería la tierra decrépita.
Si yo
todo su poder
arrancará a mi voz enorme,
los cometas romperían sus brazos encendidos,
cayendo con tristeza.
Con los rayos de mis ojos mordería la noche,
¡oh, si fuera yo
opaco,
como el sol!
¡Me es tan necesario
que me den a beber leche
del regazo agotado de la tierra!
Paso,
arrastrando mi amor inmenso.
¿En qué noche
delirante,
enferma,
qué Goliaths me parieron
tan grande
y tan innecesario?



El poeta es un obrero

Se le ladra al poeta:
«¡Quisiera verte con un torno!
¿Qué, versos? ¿Esas pamplinas?
¡Y cuando llaman al trabajo, te haces el sordo!»
Sin embargo
es posible que nadie
ponga tanto ahínco en la tarea
como nosotros.
Yo mismo soy una fábrica.
Y si bien me faltan chimeneas,
esto quiere decir
que más coraje me cuesta serlo.
Sé muy bien
que no gustáis de frases vacías.
Cuando aserráis la madera, es para hacer leños.
Pero nosotros
qué somos sino ebanistas
que trabajan el leño de la cabeza humana.
Por supuesto
que pescar es cosa respetable. Echar las redes.
¿Quién sabe? ¡Tal vez un esturión!
Pero el trabajo del poeta es más beneficioso:
la pesca de hombres vivos, esto es lo mejor.
Enorme, ardiente es el trabajo en los altos hornos,
donde se forma el hierro chisporroteante.
¿Pero quién
se atrevería a llamarnos holgazanes?
Nosotros bruñimos las mentes con áspera lengua.
¿Quién es más aquí?
¿El poeta o el técnico
que procura a los hombres
tantas ventajas prácticas?
Los dos.
Los corazones son también motores.
El alma es también fuerza motriz.
Somos iguales.
Camaradas de la clase trabajadora.
Proletarios del cuerpo y del espíritu.
Solamente unidos
solamente juntos podremos engalanar el universo,
acelerar el ritmo de su marcha.
Ante una oleada de palabras, levantemos un dique.
¡Manos a la obra!
¡Al trabajo, nuevo y vivo!
Y a los que discursean
que se les mande al molino.
¡Para que el agua de sus discursos haga girar sus aspas!

Himno al crítico

De la pasión de un cochero
y una lavandera charlatana,
nació un hijo mediocre.
El niño no es una basura, no se puede arrojar al tacho.
La madre lloró y lo llamó Crítico.
El padre recordando sus antecesores,
gustaba discutir los derechos de maternidad.
Tenía educación de salón, de sociedad.
El chico debía inclinarse de pura humildad.
Como charla el sereno con la cocinera,
charlaba la madre y lavaba calzones.
De la madre heredó el chiquillo el olor,
y la capacidad de meterse fácil y con jabón.
Cuando creció alto como un bastón,
y las pecas salpicaron su rostro,
con un golpe elegante y feroz,
lo echaron a la calle, para que se haga hombre.
¿Acaso le hace falta mucho al hombre? Un montón.
Unos pantalones largos y un bocado de pan,
con su nariz como moneda de cobre,
desde sus primeros años le tomó al dinero el olor agradable.
A no sé qué propietario, de no sé qué estancia,
fue a golpearle la puerta con delicadeza,
y muy pronto, el Crítico de la famosa estancia,
ordeñó palabras, pan y una corbata de gran prestancia.

Fácil es ahora andar por el mundo vestido y calzado.
A los jóvenes buscadores de juegos exquisitos,
da gusto, aunque sea con unos párrafos,
morderlos con los dientes, y los carrillos ardientes.
Pero si se cuela en la red del diario
alguna palabra sobre la grandeza de Pushkin o Dante
parece que en el diario se descompone,
un enorme lacayo repugnante.
Y cuando, por último, en un aniversario,
se frotan los ojos entre espirales de incienso,
su nombre aparecerá el primero, barnizado,
y brillando en una tabaquera flamante.
Escritores hay muchos. Juntándolos, serán un millón.
Les construiremos una capilla a los críticos en Niza.
"-¿Usted cree que es fácil enjuagar vuestra ropa,
todos los días en la página de un diario o revista?"


La guerra y el universo

Tenéis suerte.
La vergüenza no alcanza a los muertos.
Apaga pues
tu odio por los difuntos asesinos.
El líquido más puro ha lavado
el pecado del alma emigrada.
¡Tenéis suerte!
Pero yo,
a través de las líneas del frente,
a través del estrépito,
¿cómo sostendré mi amor de ser vivo?
Un paso en falso
y la migaja del más insignificante de los amores
rodará para siempre al abismo del humo.
¿Qué es
para los que vuelven
tu pena?
¿Qué es
para ellos la línea de los poemas?
¡Parados con piernas de madera
ellos ya no querrán otra cosa
que seguir cojeando hasta el fin de sus días!
¿Tienes miedo?
¡Cobarde!
¡Te matarán!
Tú podrías vivir,
aunque esclavo,
una buena cincuentena de años.
¡Mentira!
que bajo la lava de los ataques
seré
el más corajudo
el más arrogado.
¡Ah! ¿Qué valiente
se negaría a responder
a la llamada del clarín de los tiempos futuros?
Y yo soy
en esta tierra
el único heraldo de las verdades en marcha.
¡Hoy exulto!
Sin beber ni una gota
he llegado a la meta de mi alma.
Mi solitaria voz humana
se eleva
entre gritos
entre llantos
en el día naciente.
¡A ver! ¡Vamos, animaos!
Fusiladme, ponedme contra el paredón!
¡No seré yo quien cambie de colores!
¿Queréis
que me pegue un as en la frente
para que brille más la meta?


Libertad de expresión

La primera noche ellos se acercan
y cogen una flor de nuestro jardín,
y no decimos nada...
La segunda noche, ya no se esconden y pisan las flores,
matan nuestro perro y no decimos nada...
Hasta que un día el más frágil de ellos
entra sólo en nuestra casa,
nos roba la luna, y conociendo nuestro miedo
nos arranca la voz de la garganta.
Y porque no dijimos nada
...ya no podemos decir nada.

Marcha de izquierda

¡A desplegarse en marcha!
No es ya hora de juegos de palabras.
Silencio, oradores.
Tiene
la palabra,
camarada máuser.
Basta ya de vivir según la ley
de Adán y Eva. Debemos derrengar
de una vez al jamelgo de la historia.
¡Izquierda!
¡Izquierda!
¡Izquierda!
¡Eh, camisazules!
¡A ondear!
¡A los océanos!
¿Acaso
nuestros acorazados en la rada
tienen quillas melladas!
Que,
irguiendo la corona
lance el león británico su aullido.
Hoy no será abatida la comuna.
¡Izquierda!
¡Izquierda!
¡Izquierda!
Allá
tras las montañas de dolor
hay tierras infinitas y soleadas.
Por hambre
y mar de muerte
más firmes van millones y millones.
Que nos cerque la banda mercenaria
y el torrente de acero corra airado:
¡No vencerán a Rusia los aliados!
¡Izquierda!
¡Izquierda!
¡Izquierda!
¿Se apagará quizá el ojo del águila?
¿Fijaremos la vista en el pasado?
¡A afincar
en la garganta del mundo .
los dedos duros del proletariado!
¡El pecho enhiesto y firme hacia adelante,
cubre con tus banderas todo el cielo!
¿Quién va con la derecha en este instante?
¡Izquierda! . .
¡Izquierda!
¡Izquierda!


Mi Universidad

¿Sabe francés,
restar,
multiplicar?
¿Declina maravillosamente!
¡Que decline!
Pero oiga,
¿acaso usted podría cantar a dúo,
con los edificios?
¿Usted acaso comprende
el idioma de los tranvías?
El hombre, a veces,
apenas sale del cascarón
y ya lleva libros bajo el brazo,
y cuadernos escritos.
Yo,
aprendí el alfabeto en los letreros,
hojeando páginas de estaño y hierro.
Los maestros,
toman la tierra,
la descarnan,
la destrozan,
y enseñan:
-Toda ella
no es más que un globo pequeño, redondo.
Pero yo,
con los codos aprendí geografía.
No en vano he dormido tanto sobre la tierra.
Los historiadores se atormentan con importantes preguntas:

-¿Era o no era roja la barba de Barbarroja?
¡Que sea!
No me gusta meterme en las mentiras con telaraña.
Yo conozco de Moscú, cualquiera de sus historias.
Hablan de Dobroliubov (para que lo odien)
pero su apellido está en contra,
protesta la familia.
Yo,
desde niño
aprendí a odiar a los gordos,
a los que se venden por una comida.
Se sientan,
charlan,
y para gustarle a la dama,
hacen sonar sus pobres ideas
con sus frentes llenas de monedas.
Yo,
dialogaba sólo con los edificios,
y las tomas de agua eran mis interlocutoras.
Con la ventana del oído atento escuchando,
los techos oían lo que les arrojaba al oído.
Y luego,
de noche,
sobre una cosa
o la otra
nos pasábamos charlando,
moviendo la "sin hueso".


Nuestra marcha

¡Golpea las plazas del motín el pisoteo!
¡Arriba, orgullosas columnas desnudas!
Con la venida del segundo diluvio
limpiaremos las ciudades del mundo.
El toro de los días arrastra
el lento carro de los años.
Nuestro dios es la carrera;
el corazón, nuestro tambor.
¿Hay oro más celestial que el nuestro?
¿Se apiada de nosotros el aguijón de las balas?
Nuestras armas son nuestras canciones;
nuestro oro son nuestras voces intensas.
La verde pradera
ha cubierto los días.
Arcoíris, da riendas
a los corceles voladores de años.
¡Vean a la humillada estrella del cielo!
Sin ella nuestras canciones trenzamos.
¡Eh, Osa Mayor! Exige
que en el cielo nos prendan vivos.
¡Beban de alegría! ¡Canten!
Por las venas la primavera se desborda.
¡Corazón, redobla a combate!
Nuestro pecho es un timbal de cobre.

Oda a la Revolución

A ti
silbada,
burlada,
acribillada,
A ti,
agujereada por enconadas bayonetas,
levanto extasiado
solemnemente esta oda
por encima de la marea de insultos.
¡Oh!
¡Oh, bestial!
¡Oh, ingenua!
¡Oh, mezquina!
¡Oh, grandiosa!
¿Qué nombres no te habrán dado?
¿Cómo devendrás aun con el tiempo,
recia arquitectura constructiva
o simplemente un montón de ruinas?
A ti, maquinista cubierto de hollín,
A ti,
minero que cavas las moles primigenias de la tierra,
Bendito seas,
Bendito seas, bienaventurado.
¡Gloria al trabajo humano!
Y mañana,
San Basilio,
Catedral de los fieles,
Te aclamará con unción,
implorando perdón.
Con tus tenaces cañones
harás estallar el milenario Kremlin.
Gloria
Ruegan con voz apagada en vísperas de la muerte.
Aúllan las sirenas apenas sofocadas.
Tú envías a los marineros
a los hundidos cruceros,
para salvar aún a aquellos,
allí, donde maullaba olvidado el único gato.
Y después
aullaba una multitud ebria,
los bigotes retorcidos, desafiantes.
Tú echas a culatazos a los canosos almirantes
desde el puente de Helsinski hacia abajo.
Surgen las heridas del pasado
y yo de nuevo veo cómo todo se desangra.
¡Ustedes, cómodos pequeñoburgueses!
¡Oh, malditos sean, tres veces!
Y mis poetas,
¡Oh, benditos sean mil veces!


Orden nº. 2 al ejército del arte

A vosotros—
barítonos bien nutridos—
que de Adán
a nuestros días
conmovéis los antros llamados teatros
con suspiros de Romeos y Julietas.
A vosotros—
pintores,
pesados como caballos,
ornato tragón y relinchante de Rusia,
agazapados en los talleres,
seguid pintarrajeando
florecillas y desnudos.
A vosotros—
ocultos en la sombra de hojitas místicas,
frentes surcadas de arrugas
futuristillos,
imaginistillos,
akmeistillos,
enredados en la telaraña de las rimas.
A vosotros—
que cambiasteis el peinado liso
por hirsutas melenas,
los zapatos charolados por zuecos,
proletcultillos,
que remendáis
el gastado frac de Puschkin.
A vosotros—
bailarines, trompetistas,
que traicionáis a ojos vistas
y pecáis a hurtadillas,
que imagináis el futuro
como una enorme ración de académico.
A vosotros,
yo-
genial o no genial,
que he dejado las trivialidades
y que he trabajado en la Rosta,
os digo
antes de que os echen a culatazos:
¡Acabadla!
¡Acabadla!
Olvidad,
escupid
en las rimas,
en las arias,
en el rosal,
y en las demás soserías
del arsenal de las artes.
¿A quién interesa
que «Ay, pobrecito,
cómo amaba
y qué desgraciado fue...»?
Ahora
necesitamos artesanos,
no predicadores melenudos.
¡Escuchad!
Gimen las locomotoras,
el viento entra por las rendijas:
«¡Dadnos el carbón del Don!
Montadores
y mecánicos, ¡al depósito!»
En cada afluencia de los ríos
con un boquete en el costado:
los barcos atronaron en las dársenas:
«¡Dadnos petróleo de Bakú!»
Mientras gastamos nuestra energía
en inútiles discusiones, en busca
de un sentido oculto,
un inmenso clamor sacude las cosas:
«¡Dadnos formas nuevas!» -

Ya no hay imbéciles
que esperan con la boca abierta
la palabra del «maestro».
Camaradas,
dad un arte nuevo,
un arte
que saque a la República del fango.




Versos al pasaporte soviético

Como un lobo
devoraría a la burocracia.
No les tengo respeto
a las credenciales.
Todos pueden irse
al diablo...
cualquier papel, el que sea,
pero éste...
Por el largo frente
de cupés y camarotes,
un funcionario
se mueve saludando.
Todos entregan sus pasaportes,
y yo entrego
mi librito escarlata.
Ante algunos pasaportes,
una sonrisita en los labios.
Ante otros,
un desprecio unánime.
Con respeto,
por ejemplo,
toman el pasaporte inglés,
con un león grande de cama de matrimonio.
Sacando los ojos fuera de las órbitas,
sin dejar de inclinarse,
toman,
como si tomaran una propina,
el pasaporte norteamericano.
Al polaco
le miran
como un chivo mira un cartel.
Al polaco
le miran
con ojos asombrados,
parapetados en la casaca policial,
como quien dice:
-¿De dónde
y qué es
esa novedad geográfica?
y sin dar vuelta a la cabeza,
sin manifestar asombro alguno,
toman sin pestañear
el pasaporte danés
así como el sueco...
Y
de pronto
como si se quemara
tuerce la boca el señor.
Es que
el señor toma
mi pasaporte escarlata.
Lo toma
como una bomba.
lo toma
como a un erizo,
como si tomara una navaja afilada,
lo toma
como a una serpiente de cascabel de veinte aguijones.
Le hace un gesto significativo al mozo
para que lleve gratis las cosas.
El gendarme mira interrogante
al aduanero,
el aduanero
mira interrogante al gendarme.
Con qué placer
esta casta de gendarmes
me azotaría
o me haría crucificar
por tener en las manos
el pasaporte soviético,
el de la hoz y el martillo.

Yo,
como un lobo,
mordería a la burocracia,
a las credenciales,
no les tengo respeto.
¡Que se vayan
todos
al diablo!
Cualquier papel,
pero éste...
Yo saco
del bolsillo
de mis enormes pantalones
un duplicado del pasaporte
-carga tan ligera...
¡Leed,
envidiadme!
Yo soy
ciudadano
de la Unión Soviética.





 150.000.000 

150.000.000 es el nombre del artífice de este poema.
Su ritmo: la bala.
Su rima: el fuego saltando de un edificio a otro.
150.000.000 hablan por mi boca.
Esta edición fue impresa con la rotativa de los pasos,
en el papel vitela del adoquinado.

¿Hay quién pregunte a la luna?
¿Hay quién pretenda que el sol le rinda cuentas?
¿Quién se atrevería a afirmar: este es el autor
más genial de la tierra?

De igual modo
este poema
no tiene autor.
Su única idea es
brillar en el día naciente.
Ese mismo año,
en ese día y hora,
bajo tierra,
en la tierra
por el cielo
y aún más arriba
aparecieron estos
carteles,
octavillas,
afiches:

«A TODOS¡
¡A TODOS!
¡A TODOS!
¡A todos
los que ya no aguantan más!
¡Salid
y marchad juntos!»

(firmas):
La Venganza -maestro de ceremonias.
El Hambre -administrador.
La Bayoneta.
La Pistola.
La Bomba.
(tres
firmas:
los secretarios)

¡Vamos!
¡Vamos, vamos!
¡Ja, ja,
ja, ja, ja, ja,
ja, ja!
¡Se caen!
¡Eh, Juanón!
¡Mete billetes en la alpargata!
¡No vayas descalzo al mitin!
¡Adiós, Rusia del alma!
¡Se acabó el pobre!
¡Ya encontramos otra Rusia!
¡La internacional!
¡Vamos!
Sentado en sillón de oro
toma té con bizcochos.
Iré a verle,
furioso.
Iré a verle
tísico.
Iré a verle
y le diré:
«Wilson, oye
Woodrow,
¿quieres un cubo de mi sable?
Ya verás...»
Llegaremos hasta el mismísimo
hasta Lloyd George
Y le diremos:
«Oye,
Jorgito...»
-Hasta él no llegas.
Hasta él hay océanos.
Con esos
no puede
el jamelgo ruso
No importa.
Iremos a pata.
Despertaba a la llamada
de los bosques
Fieras y fierecillas segregaban fuerza.
Un lechón gruñía aplastado por un elefante.
Los cachorros formaban hileras de cachorros.
El grito humano es insoportable.
Pero la fiera
se exprimía el alma.
(Os traduciré el bramido de los animales,
si no conocéis la lengua animal):
«¡Escucha, Wilson,
bola de grasa!
Si la culpa es del hombre,
castígalo.
Nosotros
no hemos firmado el pacto de Versalles.
Las fieras, sí,
¿pero por qué debemos pasar hambre?
¡Que sufran ellos nuestro dolor animal!
¡Quién pudiera hartarse una vez más!
¡Vamos a las Indias, rebosantes de hierbas!
¡A las praderas americanas!»
¡Oh! ¡Oh-uh!
Ya no cabemos en la jaula-bloqueo.
¡Adelante, automóviles!
¡Al mitin, motocicletas!
¡Lo pequeño, a la derecha!
¡Ceded el paso a los camiones!
¡Los caminos se pusieron en fila india!
Escuchad los Que dicen los caminos
¿Qué dicen!
«Nos asfixiamos de tanto viento y polvo,
retorciéndonos en los railes por estepas hambrientas.
Por dóciles kilómetros sin empedrar,
estamos hartos de arrastrarnos tras los presidiarios.
Queremos saturarnos de asfalto,
ceder bajo el peso del expreso.
¡levantaos!
¡Basta de dormir
carreteras mecidas por el polvo!
¡Vamoooos!»
¡Vamos a las minas!
¡A por pan!
¡A por el moreno!
Sembrado para nosotros.
Sin leña
sólo los tontos pueden andar.
¡Al mitin, locomotoras!
¡Locomotoras, al mitin!
¡Rápiiiido!
¡Rápido rápido!
¡Eh,
regiones,
levad anclas!
Tras Tula, Astrakán,
una mole tras otra,
inmóviles
desde Adán,
arrancaron
y avanzan
sobre otras, con ruido de ciudades.
Llevando por delante la oscuridad rezagada,
tropezando con las frentes de los faroles,
iban al mitin legiones de luz,
con las zancadas de postes eléctricos.
Y por encima
conciliando el agua y el fuego,
pudriéndose de ahogados, fluían los mares.
«¡Paso a las olas del Caspio!»
¡No volveremos a Rusia!
No en el flaco Bakú.
en las playas de la jubilosa Niza
brincaremos con la ola mediterránea.»
Y, por fin,
tras el trueno
de correr y trotar,
respirando a pleno pulmón,
en borbotones de nubes salieron por los agujeros
los aires ya tormentosos de Rusia.
¡Vamo-o-o-s!
¡Vamos vamos!
¡Y todos
los ciento cincuenta millones de gentes,
billones de peces,
trillones de insectos
animales salvajes,
animales domésticos,
centenares de regiones,
con todo lo que hay construido,
lo que vive en ellas,
todo lo movible,
inamovible,
lo que apenas se movía,
reptando,
arrastrándose,
nadando.
Marcho en avalancha
¡en avalancha!
Y retumbaba el sitio
donde estuvo Rusia.
Lo importante
no es comerciar con sacarina,
¡El corazón quiere ser campana que doble!
Hoy
al paraíso
lanzaremos a Rusia
más allá de los irisados pozos del crepúsculo.
¡Ja, ja,
ja, ja, ja, ja,
ja, ja!
¡Vamosvamos!
¡A través de la guardia blanca de las nieves!
¿Por qué las regiones sacan sus carnosidades
de los límites que por siglos les fijaron las autoridades?
¿Por qué aguzan el oído de los cielos?
¿A quién atalaya el horizonte?

Por eso
hoy
ls ojos del mundo entero
están puestos en nosotros
y todos los oídos alertas
captan el más mínimo
sonido nuestro
Para ver esto
Para escuchar estas palabras:
esto es la voluntad de la revolución,
lanzada mñas allá de sus últimos límites
esto
es un mitin
armazones de máquinas,
gentes, y cuerpos de animales,
esto
son manos
patas
pinzas
bielas
levantadas
aun donde el aire enrarecio
prometiendo una misma cosa al unísono.
Olvidad
a los poetas
que lanzan aullidos celestiales,
olvidadlos,
escuchad esta canción:
«Vinimos a través de ciudades,
nos abrimos paso en la tundra
pisamos fango y charcos.
Vinimos millones
millones de obreros,
millones de trabajadores y empleados.
Vinimos de las casas,
escapamos de los almacenes,
de las callejuelas alumbradas
por los incendios.
Venimos millones,
millones de objetos,
destrozados,
rotos,
arruinados.
Bajamos de las montañas
reptamos por bosques
y campos de cebada agostados por los años.
Vinimos, millones,
millones de ganado,
cerriles,
embrutecidos,
hambrientos.
Vinimos
millones
de impíos,
paganos
y ateos
con la frente,
el hierro oxidado,
el campo
Recemos todos
a Dios, con fervosr.
¡Aparece,
no de un mullido tálamo estelar,
Dios de hierro,
Dios de fiego
Dios, ni Marte,
ni Neptuno, ni Vegas,
Dios de la carne,
¡Dios-Hombre!
Baja de las estrellas que brillan en las arenas,
liberado de las alturas,
terrestre,
¡sal,
aparece
entre nosotros!
No el que
«estás en los cielos».
Hoy
a la vista de todos
obraremos milagros,
nuestros propios milagros.
Nos encabritamos
si en tu nombre
hay que batallar
en medio del humo
en el fragor del turno.
Nuestras hazañas
serán más difíciles que las del Creador
que llenaba
de cosas el vacío.
No sólo tenemos que construir
con imaginación nueva,
sino también dinamitar lo viejo.
¡Sed, danos de beber!
¡Hambre, aliméntanos!
Ya es hora
de llevar
el cuerpo al combate.
¡Más tupida
sea la descarga
contra los cobardes!
¡Contra el montón,
fuego de metralla!

¡Que todo venga
del mismísimo fondo del alma!
¡A fuego,
a llama,
a hierro,
a luz,
abrasa,
quema,
corta,
destruye!

Nuestras piernas
son abanicos que aventan la polvareda.
Nuestras aletas son naves
Nuestras alas son aeroplanos.
¡Caminar!
¡Volar!
¡Cruzar!
¡Rodar!
haciendo inventario del mundo entero.
Si esa cosa es útil,
bien,
sirve.
Si es inútil,
¡al diablo!
Una cruz negra.
¡Acabaremos contigo,
mundo romántico!
Basta de fe
en el alma,
¡electricidad,
vapor!
¡Basta de mendigos!
¡Embolsad las riquezas de todos los mundos!
¡Matad cuanto es viejo!
¡De los cráneos haced ceniceros!
Arrasadas
las antiguallas,
un mito nuevo
se impondrá en el mundo.
Romperemos con el pie
la barrera del tiempo
Miles de arcoiris
colorearán el cielo.

En un mundo nuevo se abrirán
las rosas y los sueños ensuciados por las rimas.
Todo estará hecho
para el placer
de los niños grandes que somos.
Inventaremos
rosas nuevas,
rosas de capitales con pétalos de plazas.
Vosotros,
los marcados con el estigma del suplicio,
ved al verdugo de hoy.
Y sabréis
que los hombres
pueden ser cariñosos,
con el amor
que la estrella trepa por un rayo.
Nuestra alma
será
confluencia de los Volga de amor.
Todo el que las aguas traigan
-tú o cualquier otro-
será bañado por una mirada luminosa.
Por las arterias más finas
boaremos
las naves faéricas de los hallazgos poéticos.
Y tal como lo escribimos
el mundo será
el miércoles
y ayer
y hoy
y mañana
y siempre,
por los siglos de los siglos.
Por el verano secular,
lucha,
canta:
«En la batalla final»
¡Coreemos un himno común!
¡Más de un millón!
¡Multipliquémonos por cien!
¡Vamos, por las calles!
¡A los tejados!
¡Tras los soles!
¡En los mundos!
¡Gimnastas de la palabra!
Y Rusia
ya no es un pordiosero
no es un montón de escombros,
no es ceniza de casas
Rusia
Rusia entera
es un solo Iván
sus brazos
son
el Neva
y sus pies las estepas del Caspio.


Atrincherado en su palacio,
Wilson resiste,
acciona unos resortes dorados,
y de inmediato se alarga
la cadena de formaciones inhumanas.
Más terrible que tanques,
que aguerridos regimientos,
el hambre
se levanta, sin vientre,
con cien bocas,
con millones de mandíbulas,
y sale de un salto.
Muerde una ciudad -se rompe como una nuez.
Atrapa una villa -y sus huesos crujen.
A los hombres,
a los animales,
se los traga a puñados.
Precediéndola,
aguzado el oído,
abre la marcha la ruina.
La fábrica respira.
la ruina la oye.
La ruina oye. La fábrica respira.
la ruina estrecha,
la fábrica se desmorona.
Ataca, blandiendo un trozo de vía férrea.
Todo se convierte en polvo,
declina,
se hunde.
¡Prepárate!
¡Al ataque!
¡Trabaja!
¡Suda!
La garganta del hambre,
el morro de la ruina,
¡Las estrangularemos
con el nudo corredizo de las vías férreas!
Y cuando el país iba a quedar sin aliento
-cortado por el hambre-
entonces,
blandiendo el ariete hidráulico de los trenes,
el transporte se puso en marcha.
Las locomotoras, con su blanca barba al viento,
combaten,
el hambre cede,
y los trenes cargados de trigo,
empezaron a pasar por encima de su cuerpo
comiéndose los restos.

Estremecido de rabia,
Woodrow
ordena:
«Aniquiladlo enseguida»
y envía enjambres de guerreros jóvenes...
Y todos avanzan protegidos por el fango,
espiroqueta sobre espiroqueta,
vibrión sobre vibrión.
El veneno de los microbis,
las patas de los piojos,
ensucian la sangre,
hacen cosquillas a los cuerpos.
De una copa inédita
surgen las enfermedades,
de pronto,
el hombre
adormecido
se llena de manchas
se hincha, y estalla
como un hongo.
Entonces se ponen en marcha
precedidos por cierta
farmacia arcoiris,
poniendo en las troneras botellas de fenol,
lazaretosm
clínicas,
hospitales.
Los piojos retroceden
estrechando filas,
perseguidos
por el fuego
de los microscopios.
La cadena desinfectante los golpea y golpea.
Los enemigos son puestos
patas arriba.
Y abajo
blandiendo como bandera una receta,
desfila triunfalmente el Narkomzdrav del mundo entero
De Wilson sale un extraño sonido,-
Enfermedades y penurias han sido vencidas,
y envía su último ejército,
el ejército envenenado por las ideas.

LAS ÁREAS DE TRABAJO DE LA ASOCIACIÓN